Recuerdo y dignidad.

De aldea en aldea...
24/7/13
José Ángel de Miguel Pérez
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Los asuntos que no afectan directamente es como si no existieran en la agenda y por tanto no requieren de nuestra atención. Esto me ha sucedido con la aparición de las fosas comunes de Barcones y Fuentebella, lugares donde se les dio tierra de modo indigno ( y delictual) a unos conciudadanos, sólo por el mero hecho de pensar de manera distinta a los que detentaban ilegítimamente el poder. Como digo, este ha sido un tema, que como a la mayoría de los que moramos por estas tierras, lo he vivido desde el ostracismo y desde el lado contaminado por la tradición manipulada. También es cierto que con los años se va adquiriendo capacidad crítica e independencia de pensamiento ( salvo, claro está, que te debas a tu estómago agradecido) que permite quitarnos la venda impuesta por la herencia cultural y ver más allá de lo establecido por la propaganda oficial perpetuada en la memoria colectiva imperante.

Lo que sí que tengo claro es que este asunto, a una importante mayoría ( principalmente de la clase política), escuece y por lo tanto molesta. “¿Para qué remover la mierda?” dicen con retranca, mientras miran hacia otro lado. Esto denota que el caínismo social subsiste y que las cicatrices de la contienda del 36 están latentes y en algunos ámbitos presentes.

 

Al margen de posiciones idiológicas y revanchistas, el sentido común, el concepto de humanidad y la sensibilidad, abogan por posibilitar el enterramiento de muchas personas dentro de los cánones del derecho natural y una vez por todas, instituciones, públicas y privadas, arrimen el hombro  en aras a encontrar a todos los desaparecidos de la barbarie cuya memoria se deshonra bajo la tierra flagrantemente olvidada. No es de justicia social, ni tampoco de una sociedad civilizada atentar contra el recuerdo y la dignidad de todos aquellos que murieron de manera tan injusta con la connivencia de las fuerzas vivas de entonces. Tengo la sensación, que aunque se está trabajando mucho y bien al respecto, el día dos de Noviembre es injustamente inalcanzable para algunas familias de este “santo país”.

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