Despropósitos y Chapuzas.

De aldea en aldea...
8/1/14
José Ángel de Miguel Pérez
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El empezar año es como resetear un disco duro y comenzar con nuevos propósitos que se irán diluyendo en el limbo de los deseos a medida que el calendario fagocita sus propias hojas. Particularmente lo único que deseo para este año es que no haya despropósitos que nos coloquen en el “ Retablo de las Maravillas”, convirtiéndonos en marionetas de  una clase política cada vez más apoltronada y alejada del vulgo. El tema de los despropósitos es muy manido en estos tiempos de retrocesos y chanzas. Ninguna administración se escapa a esta epidemia de carácter endémico y de la que al parecer en este país todavía no se ha encontrado antídoto. El último brote surgió con motivo de la Cabalgata de Reyes en la capital de Soria. 

Resulta que a Otilio y a Pepe Gotera no se les ocurrió medir las dimensiones de la carroza que transportaba a Dumbo, y al llegar a la Calle Numancia, el paquidermo con sus desproporcionadas orejas, no pudo pasar,  procediéndose a amputar los apéndices del muñeco privándole de la virtud de volar. Un chasco para todos los niños que presenciaron el espectáculo cuestionando y poniendo en evidencia la magia de los Reyes. Muchos reirán la chapuza pero gracia tiene poca. Lo triste de todo esto, más allá de la desilusión causada a algún niño, es la imagen que se proyecta fuera. Y de esto último doy fe, ya que me encontraba fuera de Soria y tuve que aguantar el cachondeo de la gente cuando por una televisión de ámbito nacional emitieron la noticia del pobre Dumbo ( En particular un paisano sacó un pañuelo pidiendo también el rabo. El resto de gente que se encontraban en el bar, animados por el susodicho,  sacaron también los pañuelos y se adhirieron a la petición ). Si hasta el mismísimo Miguel Angel Revilla en su twitter (@RevillaMiguelA) ha hecho chanza del asunto. El problema de todo esto es que el responsable aguantará el chaparrón y después mirará para otro lado cómo si nada, pero el trasfondo denota tal dejación y tan pocas ganas de hacer bien las cosas, que no es de extrañar que haya voces que pidan a gritos que nos invada alguien con dos dedos de frente.

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