El Tío Cantinas.

De aldea en aldea...
25 mar. 2014
José Ángel de Miguel Pérez
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Muerto Suarez, ¡ Viva el Rey!  Si señores , Suarez, aunque parezca mentira también estuvo en Soria. Fue en el verano de 1980, concretamente el  2 de Julio, el primer miércoles  post San Juan.  Algo de Resaca se respiraba en el ambiente , circunstancia que no impidió a que el  Presidente del Gobierno se diera un baño de masas con motivo de la inauguración del Hospital Santa Bárbara ( institución que durante mucho tiempo fue la Residencia de la Seguridad Social). Por este motivo se vino a organizar una especie de besamanos al que se invitó a todo quisqui  , entre los que se encontraban, naturalmente, todos los alcaldes de la provincia, amén de un buen número ( recua) de simpatizantes que no quisieron dejar pasar la oportunidad de estrechar la mano del  primer presidente electo de la joven democracia. La situación no era fácil. Algunos de estos munícipes se pasaron la noche anterior en blanco pensando en las cosas que debían pedir al jefe del gobierno en aras a paliar  las necesidades del  pueblo. Para otros los desvelos provenían, principalmente,  en las formas  al no tener muy claro como debían dirigirse al Señor Presidente. A fin y  al cabo la personalidad más alta con la que habían tratado había sido algún alto mando militar, en los tiempos de la Mili, o con el Señor Obispo cuando todos los años acudía al pueblo a confirmar a los chicos y chicas. En estos casos el protocolo lo tenían muy claro.

Una vez en la Dehesa ( Alameda de Cervantes)  y puestos todos los alcaldes en fila por orden alfabético un responsable del protocolo de Moncloa les leyó la cartilla.

  • Sólo un apretón de manos y nada de cruzar palabra alguna, a no ser que el Señor Presidente se dirija directamente a alguno de ustedes.

Todo iba bien hasta que llegó el turno del  Tío Cantinas , munícipe de un pueblecito de la Cuenca del Merdancho que se pasó el protocolo por el forro, y en el momento de la salutación rituaria, cogió con fuerza las dos manos del Presidente, aguantó el apretón varios segundos,  y con familiaridad y confianza se dirigió a Suarez  diciéndole:

  • ¿ Sabe qué mi sobrina trabaja con el dentista que le ha arreglado a usted la boca?

Desconcertado,  el  Jefe del Gobierno sólo logró esbozar una perfecta sonrisa profidén.

A la semana del acontecimiento el  Tío Cantinas recibió la noticia del despido de su sobrina.  A pesar de todo  en las siguientes elecciones municipales el Tío Cantinas salió reelegido Alcalde.

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