Raseros

De aldea en aldea...
14/9/11
José Ángel de Miguel
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Todo viene a cuento de la acampada “ilegal” del pantano el pasado mes de agosto. Se ha escrito y se ha dicho mucho al respecto. A las administraciones competentes, no sin razón, les  ha caído palos por todos los flancos. El ciudadano de a pie ha visto como su honor se ha visto mancillado por unos poderes públicos que han preferido mirar para otro lado y utilizar una vara de medir bien distinta a la que viene sellada en los manuales de convivencia, y  por otro lado, los campistas no eran precisamente el tipo de gente a confraternizar con el  Sorianopitecus dominante por estas tierras ¿ Se habría montado tal revuelo, si la acampada hubiera sido fruto del encuentro mundial de beatos y beatas rezando rosarios a tutiplén y a todo trapo? Probablemente no. El caso es que el paisano no pasa por que se apliquen dobles raseros para medir hechos similares. “ ¡ Qué afrenta, qué provocación, qué agravio! , nos multan por coger musgo para el Belen , o por coger manzanilla , y a estos perroflautas , con las pintas que llevan , les doran la píldora” Palabras textuales, voz en grito, de un prejubilado disfrutando de un lunes al sol, en la dehesa mientras leía la noticia en este periódico.

Ahora voy a ser un poco toca pelotas y abogado del diablo, e incluso meteré el dedito en la llaga. Muchos, probablemente, pensarán que estoy haciendo demagogia. No me importa. En este tema se ha hablado de zonas protegidas, de salvaguardar el monte, de vulneraciones graves de la normativa medioambiental, de contaminación acústica, de vehículos agrediendo el entorno, de gente hasta la taba de todo. Pues bien, esto mismo y más conculcaciones de normativa varia, sucede en el Monte Valonsadero con motivo de la celebración de los festejos sanjuaneros y aquí paz y mañana gloria. Aquí no nos rasgamos las vestiduras; aquí no enarbolamos el estandarte de la legalidad; aquí aplaudimos por que las administraciones de turno hagan la vista gorda ante las vulneraciones más evidentes, miren al horizonte del uso y de la costumbre, y sólo actúen cuando ya no quede más remedio. Dios me libre de cargarme las fiestas. Lo único que pretendo es poner en liza lo poco consecuentes que somos con lo nuestro y lo intolerantes que nos ponemos con lo ajeno. Luego que cada uno saque sus conclusiones y siga utilizando sus propios raseros de medir. Vamos, como siempre. 

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