Novatadas

De aldea en aldea...
12/10/11
Jose de Miguel Pérez
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Estamos en Octubre. La hoja empieza a caerse, el día acorta, comienza el letargo, y después de los “ Pilares”, nos metemos en harina afrontando el último trimestre del año. También es en Octubre cuando comienza en serio el curso universitario.  Ah… , la Universidad, esa institución que rebosa sapiencia por los cuatro costados y es la forjadora de un sinfín de profesionales, mentes pensantes, prohombres, promujeres y un montón de  desempleados con título. Todo un privilegio para este país que adora, cual vellón de oro, a la titulitis. En relación con esto voy a contarles una batallita. Hace unos años , el final de los ochenta, comencé mi periplo en la universidad. Durante los dos primeros años estuve de residente en un colegio mayor de Pucela, donde se respiraba cierto ambiente libertario y que en algunas ocasiones se podían encontrar escenas reales de Sodoma y Gomorra. Lo cierto es que durante el tiempo que estuve de residente disfruté demasiado del espíritu universitario que no tanto de la universidad. Cierto es que los primeros quince días fueron un tanto duros por el arraigo que la “ institución” profesaba a las novatadas. No me he duchado tanto en mi vida.

Por cualquier motivo, o incluso por los santos de un veterano, te ibas a catar el agua de las duchas con el pijama como traje de baño. En una ocasión estuve , junto a otro novato, metido en un armario durante cerca de una hora; en otra ocasión me despertaron a las cuatro de la mañana para peinar a una bombilla; era habitual concertar partidos de tenis entre novatos en un campo marcado con espuma de afeitar y cuya pelota era una moneda que había que impulsarla con la nariz. No fui el que peor lo pasó, ni mucho menos. Hubo un compañero, por poner un ejemplo, que se pegó toda la noche olvidado en un armario que trancó un veterano. Son muchas , y a cual más disparatada, las novatas que tuvimos que soportar. Luego pelillos a la mar. Al año siguiente me tocó hacerlas a mí, pero he de decir en mi descargo, que por mi parte, ningún novato fue fruto de vendetta por lo que sufrimos el año anterior. Pero aún así entono un mea culpa por ser un continuador de una tradición , que ya por entonces, era retrograda, rancia y casposa y que lo único que buscaba era la humillación del nuevo para diversión del veterano bajo la excusa de la integración. La integración se puede y se debe conseguir a través del civismo y a este respecto, instrumentos hay muchos, sólo hay que pensar. La pasada semana me topé con unos adefesios vestidos y vestidas de bolsas de basura, cargaditos de avellanas, con los puntos de equilibrio trastocados, dando el pistoletazo de salida al curso universitario. Sentí algo similar a la vergüenza propia al verme reflejado, años atrás, en los susodichos. Esbocé una sonrisa y canturreé “ Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus”. Este no es el camino.

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