Otra de Sanjuanes

De aldea en aldea...
12/6/13
José Ángel de Miguel Pérez
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“Oh Capitán, mi Capitán:/levántate aguerrido y escucha cual te llaman/ tropeles de campanas. Por ti se izan banderas y los clarines claman./Son para ti  los ramos, las coronas, las cintas…” Estos versos de Whitman  me han venido a la cabeza una vez que he podido observar la indignación que ha provocado el aumento de los controles de tráfico con motivo de los festejos sanjuaneros celebrados hasta el momento. Estos “ levantamientos” populares contra el osado poder que ha querido inmiscuirse en el transcurrir de las fiestas de San Juan no es nuevo. Sólo hay que echar un vistazo en el tiempo para encontrarnos con los hechos que provocaron la sublevación del pueblo de Soria contra las imposiciones del Gobernador López Pando. Corría el año 53. Al final claudicó.

Lo que más me llama la atención, independientemente si es cierto o no lo del incremento de los controles, es que en lo tocante a las fiestas de San Juan, como diría la vate televisiva, el soriano de “pro” mata. Es como si la supervivencia como especie dependiese de la esencia que se desprende de los festejos sanjuaneros. Ello tiene su lógica ya que es lo único que podemos controlar directamente, al ser un asunto que sólo atañe al soriano. El olvido institucional, la despoblación endémica, la falta de tejido empresarial, la discriminación territorial, y así un largo etcétera, son hechos de los que muy poco tenemos que decir y decidir por qué a penas nos dan vela en ese entierro, dado que nuestros votos son como la gaseosa disipada y nuestra colaboración al fisco, cuantitativamente hablando, es irrisoria. En una palabra que no somos rentables. Es por eso por lo que en aquello en lo que somos protagonistas, y en cierta forma nos diferencia del resto, cuando quieren hincarle el diente mordemos como lobos hambrientos. El problema es que cuando nos metemos una sobredosis de sanjuanerismo la perspectiva la perdemos, el norte se nos borra del mapa y el “síndrome de abstinencia” lo paga el primer capitán que pretende ser más papista que el papa en el culo del mundo. 

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